Por Redacción AGR News
agrnews1@gmail.com

 

Las imágenes que han salido a la luz sobre el entorno en el que vivía Don Román, un hombre de 84 años, antes de la llegada de la producción de Bad Bunny, han reavivado el debate sobre el verdadero origen del maltrato que enfrenta. Mientras se multiplican las acusaciones de explotación mediática, los registros visuales y financieros apuntan a una historia más compleja: la negligencia prolongada por parte de quienes hoy se presentan como sus defensores.

Las fotografías compartidas por el periodista Jay Fonseca muestran una vivienda deteriorada, rodeada de maleza, herramientas oxidadas y basura acumulada. Estas condiciones, lejos de representar cuidado o protección, evidencian un entorno insalubre y peligroso para cualquier persona, especialmente para un adulto mayor.

Durante años, no se registraron denuncias públicas ni acciones concretas para mejorar la calidad de vida de Don Román. No hubo campañas, demandas ni reclamos visibles por parte de su entorno familiar. Su situación permaneció en el anonimato hasta que su hogar adquirió valor como escenario artístico.

“El verdadero maltrato comenzó mucho antes de las cámaras”, señalan fuentes cercanas al caso.

En noviembre de 2024, la producción de Bad Bunny acondicionó la vivienda de Don Román para convertirla en parte de un cortometraje y video musical. Según documentos judiciales, se realizaron mejoras estructurales y se le pagaron $5,200 por el uso de su propiedad durante cuatro días de grabación. La intervención, lejos de ser invasiva, representó una mejora temporal y una compensación económica directa.

Actualmente, familiares y tutores legales han iniciado acciones judiciales alegando explotación y uso indebido de la imagen de Don Román. Sin embargo, las condiciones previas documentadas contradicen esta narrativa. Si existía preocupación genuina por su bienestar, ¿por qué no se actuó antes? ¿Por qué su nombre ahora circula en medios y redes, exponiéndolo emocionalmente?.

El caso ha escalado más allá de lo legal. Don Román ha sido convertido en símbolo de una demanda millonaria, mientras su capacidad para comprender el proceso es limitada. Su historia ha sido utilizada como herramienta de presión mediática, vulnerando su derecho a la privacidad.

Bad Bunny no es el centro del conflicto. La verdadera pregunta es cómo un hombre mayor, vulnerable y olvidado, se convirtió en pieza de una estrategia legal y mediática. Las imágenes no mienten: el abandono existía mucho antes de cualquier producción artística. Y la supuesta protección actual parece más bien una forma de exposición lucrativa.

“El problema nunca fue la casa. El problema siempre fue la codicia».

Deja un comentario

AGR Radio © 2026

Sigue informado con AGR Radio

Activa tu suscripción para continuar leyendo y acceder sin límites a todas nuestras noticias y contenidos destacados.

Al suscribirte, accedes a contenido exclusivo.