Por Redacción AGR News
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La reciente exaltación de Carlos Beltrán al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown no solo ha sido motivo de orgullo nacional, sino también un catalizador de reflexión en el ámbito deportivo y académico del país. Su legado ha resonado especialmente en la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI), donde cientos de jóvenes peloteros forjan su camino gracias a becas que combinan talento atlético y rendimiento académico.

Uno de los pilares de ese desarrollo es Edgar Díaz, director atlético de la Universidad Ana G. Méndez (UAGM) y expreparador físico de Grandes Ligas, con más de dos décadas de experiencia. Díaz, quien trabajó con figuras como Iván “Pudge” Rodríguez —exaltado en 2017—, compartió su visión sobre el impacto de Beltrán y el futuro del béisbol puertorriqueño.

“Los peloteros de antes jugaban por amor al juego, no por dinero. Eran disciplinados, solidarios y vivían el béisbol con pasión dentro y fuera del terreno”, expresó Díaz, al recordar su paso por las Mayores.

Para el veterano entrenador, la formación de un pelotero comienza desde la niñez. Reconoce que Puerto Rico cuenta con un semillero de talento natural, pero advierte que el éxito requiere más que habilidades: “Hace falta una estructura que priorice el desarrollo integral del atleta, con entrenadores capacitados, apoyo familiar y oportunidades reales”.

Díaz, quien actualmente trabaja con jóvenes entre 15 y 17 años, apuesta por el futuro. Entre sus prospectos destaca Bradley Rodríguez, un campocorto que visualiza como una figura clave en el draft de 2027. “Es talentoso, humilde y tiene la actitud correcta. Eso marca la diferencia”, afirmó.

Desde su rol en la UAGM, Díaz continúa comprometido con la juventud puertorriqueña. “El deporte me formó y me dio herramientas para la vida. Ahora me toca devolver lo aprendido. Las generaciones cambian, pero el compromiso de guiarlos y enseñarles disciplina sigue intacto”, sostuvo.

Además del talento, Díaz subraya la importancia de la formación en el hogar y la salud mental. “Muchos jóvenes se pierden por falta de orientación o por enfocarse en la imagen y las redes sociales. La disciplina empieza en casa. Y hoy más que nunca, debemos atender la salud emocional de nuestros atletas”, advirtió.

Su propia historia es testimonio de resiliencia. Una condición visual lo alejó del terreno como jugador, pero lo llevó a convertirse en preparador físico de Grandes Ligas y atleta olímpico. Representó a Puerto Rico en los Juegos de Barcelona 1992 y Atlanta 1996, y se coronó campeón en pértiga en los Centroamericanos de Ponce 1993 y Maracaibo 1998.

Para Díaz, la exaltación de Beltrán es más que un logro individual: “Es una señal para nuestros jóvenes de que el camino del esfuerzo y la disciplina vale la pena. No todos llegarán a Grandes Ligas, pero todos pueden aspirar a la excelencia”.

Con seis puertorriqueños ya inmortalizados en Cooperstown, la figura de Carlos Beltrán se suma a una constelación que sigue iluminando el sendero de las nuevas generaciones.

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